Néstor Litwin: “El conocimiento y las destrezas técnicas son esenciales en la formación bioquímica, pero no son suficientes”

Referente en bioquímica pediátrica y enfermedad celíaca, el Dr. Néstor Litwin impulsó residencias bioquímicas y formó a generaciones de profesionales. Repasa cómo montó un ELISA desde cero para diagnosticar celiaquía, la evolución del diagnóstico pediátrico, la llegada de la inteligencia artificial y el valor de Novedades Bioquímicas para la profesión.


Usted formó a muchísimos bioquímicos jóvenes a lo largo de su carrera. ¿Qué buscaba transmitirles más allá de lo técnico?

Agradezco el concepto. Estudié y me gradué en la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires y desde el comienzo de la carrera me fascinaron la creación de conocimientos y la educación universitaria. Tuve grandes profesores, que me enseñaron que el conocimiento y las destrezas técnicas son esenciales en la formación bioquímica, pero no son suficientes. Todos ellos, sin saberlo probablemente, influyeron en mis deseos de participar activamente en la educación bioquímica.

En los años 70, junto al Dr. Mario Eposto, actual Presidente del Colegio de Bioquímicos del Provincia de Buenos Aires, pudimos estructurar las primeras Residencias Bioquímicas del Hospital Nacional Prof. A. Posadas, con la aprobación y financiación del Ministerio de Salud competente en esos años. Unos años después, juntamente con, el actualmente académico, Dr. José yhamburu, pudimos organizar también las Primeras Residencias Bioquímicas del Hospital Italiano de Buenos Aires. Y dentro del ámbito universitario, en el Instituto de Investigaciones Médicas Alfredo Lanari, con el entusiasta apoyo que nos brindó el entonces Director, el Dr. Aquiles Roncoroni, se crearon las Residencias Bioquímicas Universitarias del Instituto Lanari.

En el ámbito universitario de grado, tuve la oportunidad de dirigir la Cátedra de Bioquímica Pediátrica de la Universidad Nacional de Mar del Plata como Profesor Adjunto de la Carrera de Bioquímica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales. Quedaré siempre agradecido a las autoridades universitarias que hicieron posible un sueño, así como al empuje y solidaridad del Prof.
De Química de la Facultad, Dr. Miguel Oriental.

En un área tan específica como la enfermedad celíaca y la gastroenterología pediátrica, ¿qué desafío recuerda como el más difícil de resolver con las herramientas de la época?

Hacia los años 70, se pensaba que la enfermedad celíaca afectaba mayoritariamente a los niños, y que se diagnosticaba con tres biopsias de intestino delgado. Recordemos que no estaban disponibles los modernos fibroscopios, y las biopsias se realizaban con una cápsula unida a una sonda nasogástrica, con control radioscópico la mayoría de las veces. Desde el laboratorio, se realizaban la prueba de la D-Xilosa y el estudio de grasas fecales (van de Kamer). El primer desafío que afrontamos fue realizar metodologías que pusieran de manifiesto el origen inmunológico de la enfermedad. La primera prueba que implementamos fue el clearance intestinal de alfa-1 antitripsina. Sin embargo, era una metodología valiosa pero inespecífica. El gran avance diagnóstico

fue la determinación de los anticuerpos antigliadina, para lo cual tuvimos que montar un ELISA desde cero, y los antiendomisio por inmunofluorescencia en esófago de mono.

No disponíamos en esa época de kits de reactivos para realizar esas determinaciones.

Eso significó un gran cambio en la precisión diagnóstica de la celiaquía, que culminó en los anticuerpos anti-transglutaminasa tisular de clase IgA a fines de los años 90. Estas determinaciones condujeron al primer estudio argentino de prevalencia nacional de enfermedad celíaca, publicado en 2012 en la revista Archivos Argentinos de Pediatría, órgano oficial de la Sociedad Argentina de Pediatría. Abarcó distintas regiones de nuestro país, y fue coordinado por la Dra. Mabel Mora, Pediatra Gastroenteróloga, y por nosotros desde el laboratorio.

¿Cómo cambió el diagnóstico bioquímico en pediatría desde que usted empezó hasta las técnicas y biomarcadores actuales?

Desde nuestros inicios en Casa Cuna hasta la actualidad, el diagnóstico bioquímico en Pediatría se ha ampliado en la medida que se han multiplicado las posibilidades técnicas producto del avance tecnológico, en la disponibilidad rápida de los resultados durante las 24hs en muchos de los casos. Requieren, sin embargo, de una mayor adecuación de los conocimientos del bioquímico al abanico de posibilidades que día a día se suman para uso clínico.

¿Qué cambios sociales -en las familias, en los pacientes, en el sistema de salud- transformaron más la forma de ejercer la profesión?

En las últimas décadas se han producido en las sociedades del mundo cambios difíciles de imaginar anteriormente. Baste recordar la caída del Muro de Berlín, que esperanzó a muchos hacia una mayor armonía entre los seres humanos, hacia una paz duradera y la desaparición de las guerras. Lamentablemente, hasta ahora esas esperanzas están incumplidas. Pero lo que indudablemente marca el signo de la época es, en primer lugar la aparición de Internet, luego la hiperconectividad informática con los teléfonos celulares como protagonistas, y últimamente con el desarrollo de la Inteligencia Artificial. No podemos imaginar todavía el impacto de esas tecnologías en nuestras sociedades, pero en el ámbito de nuestra profesión se pueden prever los que conducirán la robotización y la interconectividad creciente de los laboratorios y el entrecruzamiento de los datos clínicos, conjuntamente con la información y la aplicación casi instantánea de los trabajos de investigación publicados. Es indudable que las tecnologías más avanzadas serán accesibles a fuentes de financiamiento privadas o públicas compatibles con el costo de esos equipamientos, definiendo a su vez el perfil de prestaciones y prestadores.

¿Qué lugar ocupó la lectura de publicaciones del sector, como Novedades Bioquímicas, en su propia formación y actualización profesional?

Nuestro país tiene una tradición bioquímica valorada en todo el mundo. Desde el Doctorado de Química y Farmacia, fundado por el Prof. Juan Antonio Sánchez en 1919, pasando por la creación de la Asociación Bioquímica Argentina en 1934, y los Colegios y Asociaciones Provinciales y la Coordinadora de los Colegios de Ley, los bioquímicos argentinos tenemos nuestro lugar en el
mundo, basado en la colaboración mutua y la solidaridad. Eso nos ha hecho fuertes.

A esa fortaleza ha contribuido con su presencia Novedades Bioquímicas.

Walter Mariño, creador y alma mater de Novedades, ha estado siempre presente, difundiendo nuestros encuentros, Congresos, Jornadas y todo lo que puede ser de interés al quehacer de nuestra Profesión. Walter, a quien conozco hace ya muchos años, es un periodista mayúsculo, siempre dispuesto a ayudar. También recuerdo a nuestra querida Raquel Osatinsky, quien desde la ABA pedía que cuidáramos a Walter.

Y es gracias a esa presencia que Walter tiene su lugar ganado en la Bioquímica argentina. Nunca más pertinente la frase de Jean Paul Sartre: somos lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros.

¡Gracias Walter! ¡Felicitaciones y felicidades por todos estos años junto a nosotros!