UNA MIRADA NO BIOQUÍMICA

Por Cecilia Nuss – Gestión de las Personas. Clínica Dr. Roberto Raña
Cecilia Nuss, especialista en Gestión de las Personas, reflexiona sobre un punto ciego en los laboratorios de análisis clínicos: la falta de formación en liderazgo de los profesionales técnicos. Una mirada necesaria sobre por qué la gestión humana es hoy una herramienta estratégica, no un lujo.

Hay una pregunta que pocas veces se formula en los pasillos de un laboratorio de análisis clínicos: ¿quién cuida a las personas que garantizan los resultados?

Los laboratorios son espacios de alta exigencia técnica, donde la precisión no es una virtud sino una obligación. Sus profesionales – los bioquímicos- son formados con rigor científico, profundidad analítica y una vocación genuina por el diagnóstico. Sin embargo, existe una dimensión que históricamente ha quedado fuera del microscopio: la gestión de las personas.

Durante décadas, el modelo más habitual en organizaciones de base técnica fue que la excelencia científica abriera las puertas del liderazgo. Es una trayectoria comprensible y, en muchos casos, exitosa. Pero dirigir personas requiere un conjunto de habilidades distinto al que se desarrolla en la formación científica: la escucha activa, la gestión del conflicto, la comunicación efectiva, la motivación de equipos. Competencias que, hasta hace poco, raramente formaban parte del recorrido profesional de un bioquímico.

El resultado, muchas veces silencioso, es el de un profesional técnicamente brillante puesto al frente de un equipo humano, para lo que no fue preparado. No es su culpa. Es una consecuencia estructural de un sistema que no contempló que crecer en una organización, muchas veces también implica crecer como líder.

A esto se suma una realidad frecuente en laboratorios que están creciendo o que aún no alcanzaron cierta escala organizacional: la gestión de personas no tiene un espacio formal. No porque no importe, sino porque en estructuras pequeñas y enfocadas en la operación técnica, muchas veces no hubo oportunidad de preguntarse qué podría aportar una mirada de RRHH. Y la respuesta puede sorprender: no burocracia, sino herramienta estratégica.

Una gestión de personas bien implementada en un laboratorio no es un lujo ni una moda. Es la diferencia entre un equipo que retiene talento y uno que lo pierde sistemáticamente. Es la posibilidad de detectar conflictos antes de que escalen, de construir procesos de inducción que acorten la curva de aprendizaje, de acompañar a los líderes técnicos en el desarrollo de sus habilidades interpersonales, y una lista extensa de muchas otras oportunidades.

A la vez, hay una oportunidad que se abre desde la formación: incorporar habilidades de liderazgo y gestión como parte del recorrido profesional, no como un complemento tardío, sino como parte de lo que significa crecer en cualquier carrera del área de la salud.

Este desafío, que ya era urgente, se vuelve mayor con la aceleración tecnológica: la inteligencia artificial está transformando los procesos técnicos del laboratorio a una velocidad que obliga a repensar qué habilidades serán las verdaderamente diferenciales. Y la respuesta, paradójicamente, apunta siempre hacia lo humano. Las habilidades blandas, la inteligencia emocional y la capacidad de liderar equipos en contextos de incertidumbre no tienen fecha de vencimiento.

La ciencia avanza. Llegó el momento de que la gestión de personas en los laboratorios avance con ella.