IACA: 50 años de trayectoria, familia y expansión federal

De un laboratorio familiar en Bahía Blanca a una red con siete sedes en todo el país: IACA cumplió 50 años. En esta entrevista, su co-director repasa qué se mantuvo intacto desde los orígenes, los desafíos de la expansión, la diversificación hacia lo agronómico y veterinario, y el impacto tecnológico.

IACA cumplió 50 años en 2024, fundado por su padre. ¿Qué se mantuvo intacto desde aquel primer laboratorio y qué fue lo que más cambió hasta convertirse en la red actual?

Se mantuvo intacto, en principio, el amar la profesión por sobre todas las cosas. Hay que sumar a ello la obsesión por la calidad, por la innovación, por la mejor atención posible a nuestros pacientes y colegas.

Todo eso compartido con la familia, porque seguimos siendo una empresa familiar.

¿Qué cambió? Prácticamente todo. En estos años transitamos desde un laboratorio local o regional a uno con presencia en todo el país. De un laboratorio muy artesanal en aquella época, a uno de mucha complejidad en todo sentido: RR.HH., tecnología, comunicaciones, logística, etc. De festejar la llegada de nuestra muestra número 100 del día, a las más de 7.000 que recibimos algunos días.

Pasaron de un laboratorio en Bahía Blanca a siete sedes, incluida una en Buenos Aires. ¿Qué implicó sostener la calidad y la impronta bahiense al expandirse?

Sostener la calidad en nuestro país es todo un tema. Nos exigimos, y nos exigen, excelencia con aranceles generalmente muy bajos. A eso hay que sumarle que nuestro país es muy grande, la logística no es fácil ni económica, pero nos hemos adaptado a lo largo de los años y estamos conformes con lo logrado.

Algo fundamental para sostener todo esto es el recurso humano calificado, y en ese sentido tenemos un equipo profesional y técnico del que estamos sumamente orgullosos.

IACA combina diagnóstico clínico con áreas menos habituales, como lo agronómico, industrial y veterinario. ¿Qué ventajas y qué complejidades trae esa diversidad?

Como ventajas veo la diversificación de servicios e ingresos, el aprovechamiento de la logística, y la diferenciación competitiva al integrar salud, veterinaria, alimentos y ambiente.

La complejidad está dada por la normativa para estos laboratorios, que en muchos casos exige no compartir laboratorios ni instrumental, y por el desconocimiento inicial de estas especialidades.

Con más de 7.000 análisis diarios y áreas como biología molecular, ¿cómo impactaron las nuevas tecnologías en el trabajo del equipo?

La incorporación de nuevas tecnologías es constante, y la necesidad de acompañarla con capacitación también lo es. Hoy en día hay una gran automatización en algunas áreas, como hematología, química o inmunoanálisis, donde los equipos profesionales son menores y la manualidad está casi ausente en todo el proceso. Pero, por otro lado, al menos en nuestro laboratorio hay muchas áreas con gran volumen de trabajo que utilizan métodos semiautomáticos y requieren mucha capacitación (Toxicología, PINE, Genética Molecular, etc.).

En uno u otro campo se necesitan conocimientos variados (clínicos, de control de calidad, manejo de datos, interfaces, etc.) que se van adquiriendo con los años de experiencia.

Como co-director de un laboratorio familiar de referencia regional, ¿qué mensaje le daría a un joven bioquímico que duda entre el interior o una gran ciudad?

Son dos experiencias y caminos diferentes.