Expansión sin límites: el futuro de la Bioquímica

Entrevista a la Dra. Patricia Otero – Presidenta, Asociación Bioquímica Argentina (ABA), quien nos habla sobre la expansión de la bioquímica hacia la biología molecular, la genómica y la inteligencia artificial, y explica por qué el criterio clínico humano seguirá siendo insustituible frente a la automatización del diagnóstico.

¿Cuáles son hoy sus prioridades y los objetivos de su gestión al frente de la ABA?

La ABA tiene como prioridad mantener la vanguardia en la capacitación profesional y consolidar el rol del bioquímico dentro del equipo de salud: muchas decisiones médicas se basan en los datos del laboratorio, por lo que visibilizar y jerarquizar nuestra labor es fundamental. Queremos que la Asociación sea un espacio de referencia e inclusión para los bioquímicos de todo el país, acompañando a los profesionales desde los jóvenes graduados hasta los de mayor trayectoria.

Entre los objetivos, buscamos profundizar la modernización de la institución, agilizar la comunicación con la comunidad bioquímica a través de las redes sociales y facilitar el acceso a la formación virtual, con una plataforma ágil, interactiva y cercana a las necesidades diarias, y programas de fuerte anclaje práctico: casos clínicos, debate interdisciplinario, talleres y webinars interactivos, priorizando condiciones preferenciales para los socios en cursos y congresos. También trabajamos para consolidar nuestra revista: Bioquímica y Patología Clínica (ByPC) como referente, avalada por indexadores como Scielo, Redalyc, Lilacs y Latindex 2.0, DOAJ, Núcleo Básico (NB), Google Académico y Malena. Y es clave fortalecer los lazos con otras sociedades científicas, nacionales e internacionales, para enriquecer la investigación, la docencia y la práctica asistencial.

¿Cuáles son los mayores desafíos que enfrenta hoy la ABA, a nivel institucional y cotidiano?

Institucionalmente, el mayor desafío es mantener la excelencia de nuestros cursos, congresos y actividades científicas en un contexto económico complejo. Las instituciones científicas debemos ser creativas y eficientes en la gestión de recursos para seguir ofreciendo valor sin perder calidad, y lograr que los profesionales jóvenes encuentren en la ABA un espacio de pertenencia real y dinámico. Como asociación de alcance nacional e internacional, el desafío es lograr que nuestras herramientas de capacitación, los beneficios y la representatividad de la institución superen las distancias geográficas.

En el trabajo cotidiano, el avance de la automatización y la inteligencia artificial en el diagnóstico nos obliga hoy a una capacitación permanente, y a adecuarla a los tiempos que dispone cada profesional.

¿Cómo trabaja hoy la ABA para sostener la calidad y actualización de los bioquímicos en todo el país?

La ABA fue pionera en otorgar los certificados de especialidad y mantiene ese compromiso histórico. Forma parte del COBICE, organismo que regula, evalúa y otorga la certificación y recertificación de los bioquímicos especialistas en CABA, y de COCERBIN, que otorga el certificado de actualización de conocimientos en el ejercicio profesional de la bioquímica a nivel nacional. Nuestra propuesta académica supera los 40 cursos de formación continua y otorga créditos para los procesos de certificación. Respondemos a las demandas actuales diversificando los formatos de enseñanza: además de la modalidad virtual asincrónica, sumamos la autogestión, que permite adaptar la cursada a los tiempos de cada profesional sin perder el acompañamiento docente en los foros de consulta. También rediseñamos nuestros programas para orientarlos a la resolución de problemas, el análisis de datos complejos y la discusión de casos clínicos, en áreas como endocrinología práctica, hematología, citometría de flujo, plasma rico en plaquetas, hemostasia y estadística.

El lema del último Congreso fue “La Bioquímica, expansión sin límites”. ¿Hacia qué áreas se está ampliando hoy el rol del bioquímico?

El lema “La Bioquímica, expansión sin límites” es un clásico de los congresos de la ABA y sigue vigente porque sintetiza la realidad de nuestra profesión. La bioquímica se ha expandido hacia la biología molecular, la secuenciación genómica y la proteómica: hoy no solo medimos analitos estáticos, sino que desciframos el perfil genético y molecular de cada paciente. Esto permite predecir el riesgo de enfermedades crónicas, diagnosticar patologías raras en etapas tempranas y determinar qué tratamiento va a funcionar para cada persona. Es la personalización absoluta de la salud.

También se está expandiendo hacia la incorporación de algoritmos de IA y herramientas bioinformáticas que permiten identificar patrones clínicos, optimizar los tiempos de diagnóstico y aportar valor predictivo al equipo médico. La bioquímica está saliendo de las paredes físicas del laboratorio para acercarse al paciente mediante dispositivos Point-of-Care (POCT). Diseñar y asegurar la calidad de estos sistemas portátiles es incumbencia exclusiva del bioquímico.

Con el avance de la automatización, el diagnóstico molecular y la IA, ¿cómo se prepara la profesión, y qué rol cumple la ABA en esa transición?

Afrontar la automatización, el diagnóstico molecular y la IA requiere preparación en dos frentes: la tecnología adecuada y el factor humano. La automatización y la IA no vienen a reemplazarnos; por el contrario, el bioquímico gana tiempo de calidad para volcarse a la etapa postanalítica, la interpretación de datos complejos y el asesoramiento directo al médico. La tecnología avanza a un ritmo exponencial, pero hay algo que los algoritmos no pueden replicar: el criterio clínico del profesional de la salud. Desde la ABA incorporamos en nuestra oferta académica herramientas que preparan al bioquímico para estos cambios, y adoptamos la IA como un recurso que va a potenciar nuestra profesión hacia una mejor precisión diagnóstica.

La ABA tiene fuerte proyección internacional, como miembro de CUBRA y COLABIOCLI. ¿Qué importancia tiene esa integración regional?

Trabajar codo a codo con entidades nacionales como CUBRA, COBICE y COCERBIN nos permite unificar criterios de certificación y sostener un estándar de excelencia reconocido en todo el país. Como miembros activos de COLABIOCLI en Latinoamérica, esto nos permite exponer nuestra experiencia y posicionar al país como referencia científica en la región: la región comparte realidades epidemiológicas y desafíos económicos similares, lo que nos permite diseñar estrategias conjuntas. Tenemos convenios de reciprocidad con universidades y sociedades científicas de la Argentina y de América Latina, con aranceles diferenciales que facilitan el acceso a nuestra oferta académica. Esta integración demuestra que la bioquímica no tiene fronteras, y nos permite proyectar el legado de la bioquímica argentina hacia el exterior.

Pensando en las nuevas generaciones, ¿qué mirada o consejo les daría sobre el futuro de la profesión?

A los jóvenes que hoy se están formando les diría que no vean a la automatización, la biología molecular o la inteligencia artificial como amenazas, sino como herramientas potentes, porque el criterio clínico, el juicio ético y la capacidad de conectar un dato de laboratorio con la realidad de un paciente son puramente humanos. El futuro de la bioquímica no está en competir con las máquinas, sino en liderarlas. Mi consejo es que se preparen para ser protagonistas activos y defender su rol como profesionales esenciales del equipo de salud, que mantengan la curiosidad científica como motor, que se especialicen, investiguen y se apoyen en instituciones como la ABA, que los acompaña en esa formación continua. El aprendizaje constante sigue siendo el único camino hacia la excelencia profesional.