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EL ALMA DE LA EMPRESA FAMILIAR

Javier Faiwusiewiez explora, a través del Ka egipcio, cómo los valores del fundador trascienden en la empresa familiar: cultura, profesionalización y transmisión generacional que convierten al negocio en un legado.

En el Museo Metropolitano de Nueva York se exhibe una pequeña figura tallada en madera de unos 40 cm, creada hace más de 4.000 años. Representa al administrador Senbi, quien fue sepultado en la necrópolis de Meir, en la orilla occidental del río Nilo. En el antiguo Egipto, se creía que el Ka -la energía o personalidad de una persona- podía sobrevivir a la muerte y alojarse en una estatua. La figura de Senbi era, entonces, mucho más que una simple representación; era el medio que le permitiría a su espíritu trascender el tiempo.

Algo similar ocurre con muchos fundadores de empresas familiares: buscan que su personalidad, principios y valores se plasmen en sus sucesores casi como clones y se mantengan a lo largo de generaciones, como si estos hijos/as fueran estatuas vivientes de su Ka empresarial.

Al inicio de una empresa, el plan de negocios rara vez incluye la definición de una cultura organizacional. Esta se va construyendo con el tiempo, reflejando las características del fundador y su equipo. La cultura suele quedar profundamente vinculada a los valores y principios de la familia fundadora, estableciendo una identidad que se impregna en la operación diaria de la empresa. Este carácter distintivo cobra una importancia particular en las empresas familiares, ya que los valores transmitidos son determinantes para el éxito del proceso de traspaso generacional.

Sin embargo, cada generación tiene una visión única del mundo, de los negocios y de las relaciones. La formación de los futuros líderes no comienza en el momento de traspaso del mando, sino desde la niñez, cuando los hijos escuchan a sus padres y abuelos hablar sobre la empresa, absorbiendo, a veces inconscientemente, las lecciones y actitudes que guiarán sus futuros roles. Es difícil reconocer cuándo los adultos están dejando marcas en los niños, por eso es necesario ser cuidadosos y conscientes que los futuros accionistas de nuestra empresa familiar se están formando a través de las acciones y las palabras.

Otro elemento clave para que una empresa familiar alcance su máximo potencial es la profesionalización. Acompañar a la intuición creando un proceso de toma de decisiones basado en información es esencial para el crecimiento sostenido. En las empresas familiares, suele ser la nueva generación la que impulsa este cambio, trayendo consigo una necesidad de profesionalizarse y construir una visión compartida para el futuro. Este proceso requiere un reconocimiento recíproco entre la generación fundadora, que aporta experiencia y valores fundamentales, y la nueva generación, que introduce innovación y perspectivas frescas, en un diálogo de respeto mutuo y compromiso.

Como señalan Baron y Lachenauer en The Harvard Business Review Family Business Handbook: “Todas las transiciones familiares requieren tomar decisiones que repercutirán en los años venideros y se basan en información imperfecta sobre el futuro”. La toma de decisiones en una empresa familiar es una mezcla de negocios y emociones, un equilibrio complejo pero crucial para la continuidad.

El destacado académico Edgard Schein definió la cultura y el liderazgo como dos caras de una misma moneda. En las empresas familiares, esta visión resulta especialmente relevante: los valores y principios que dan forma a la cultura empresarial también guían la elección y formación de los futuros líderes. Transmitir esta cultura a la siguiente generación no solo construye un sentido de pertenencia, sino que también asegura una “propiedad emocional” de la empresa.

Este amor por el negocio y el sentimiento de pertenencia son claves para el compromiso de la familia empresaria con la continuidad de la compañía. Cuando se logra, se convierte en una verdadera “fuerza vital” que trasciende, asegurando la preservación de los vínculos familiares y del patrimonio empresarial.

Al igual que el Ka de los antiguos egipcios, los valores y principios de los fundadores de una empresa familiar pueden encontrar un hogar en la organización y trascender de generación en generación. Con una transmisión cuidadosa de la cultura y una profesionalización gradual, el espíritu del fundador puede permanecer vivo, no solo en las decisiones y operaciones diarias de la empresa, sino también en el corazón de las generaciones que seguirán impulsándola. Así, la empresa se convierte en algo más que una organización: se convierte en un legado

Autor: JAVIER P. FAIWUSIEWIEZ, es fundador de W2 Legacy. Consultor de Empresas Familiares Certificado (CEFC®️). Lic. en Dirección de Negocios. Master Executive MBA Dirección Estratégica. Diplomado en Genograma. Docente en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Experto PyME (SePyME). Expositor Vistage. Miembro de la Comisión Directiva del Instituto Argentino de la Empresa Familiar (IADEF). Fundador del blog OtraGeneracion.com. Co-autor de las obras colectivas “La mujer en la Empresa Familiar” y “Nuevas Generaciones en la Empresa Familiar”, ambas publicaciones de editorial Ad-Hoc.